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l hecho de que la comunicación es uno de los elementos clave para la vida, se hace más obvio conforme se progresa en Cienciología. Por lo tanto, no es irrazonable decir que una persona estará viva en la medida en que se pueda comunicar.Durante la última mitad de este siglo, tres cambios culturales se han combinado para reducir la capacidad de una gran mayoría de personas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los estándares generales de la educación se redujeron. Los nuevos sistemas educativos ignoraron aspectos fundamentales como la lectura, la escritura y la gramática. Los sistemas escolares adoptaron una actitud permisiva hacia la educación con la inevitable consecuencia de que los estudiantes aprendían cada vez menos. El descenso fue progresivo y se aceleró después de 1950 cuando la televisión se convirtió en algo predominante en el cuidado de los niños. Las madres dejaban a sus hijos frente a la televisión permitiendo que fijaran su atención; el continuo influjo de imágenes servía tanto de correa para controlarlos como de niñera. El comienzo del flagelo de la droga en la década de 1960 sirvió para entorpecer aún más, la mente de la generación de la televisión.
Estos tres factores han producido generaciones de individuos que son bombardeados con grandes cantidades de información que no comprenden y a quienes se les ha dado el papel de meros espectadores. Ellos están, como resultado, fuera de communicación con la vida.
La llave de la vida es un sorprendente descubrimiento de gran importancia en el campo de la comunicación. Paso a paso, despoja a la persona de las razones por las que no puede comprender lo que lee, escribe o escucha y la razón de que los demás no puedan comprenderla.
Esto ha llevado a actos delictivos, inflación, producción reducida y muchos otros problemas sociales, sin mencionar la frustración individual y la infelicidad por el potencial perdido y los años desperdiciados. Las personas que no están bien preparadas para vivir en una sociedad de alta tecnología son pisoteadas por aquellos que están mejor preparados e incluso los muy brillantes al final ven su camino bloqueado por aquellos que lo entorpecen. Los educadores de las mejores universidades privadas encuentran, de manera rutinaria, estudiantes que no pueden comprender lo que leen, sin importar lo buenas que fueron sus calificaciones en las pruebas de admisión.Como se ha visto en el capítulo anterior, L. Ronald Hubbard se dio cuenta de la existencia de estos fenómenos en los años cincuenta y para 1964 desarrolló la tecnología de estudio. Sin embargo, a finales de la década de 1970 vio que incluso esta tecnología requería una solución más básica debido a la decadencia de la educación en general. Encontró que mucha gente, aun la que había recibido educación universitaria, no era capaz de asimilar información con facilidad, incluyendo su tecnología de estudio.
"Analfabetismo funcional" describe la circunstancia en la que un individuo parece capaz de progresar en la vida, sin embargo, es en realidad tan deficiente en lectura y escritura, que, excepto para labores menores, es analfabeto. A un número creciente de estudiantes se les ha tratado durante doce años en la escuela como bebés a cargo de una niñera; después se les ha permitido salir sin que tengan oportunidad alguna de contribuir con la sociedad, pero con todas las probabilidades de que la sociedad los mantenga. El término "analfabetismo funcional" simplemente significa en realidad: "analfabetismo" y es una condena a un sistema educativo que, tras habérsele confiado la educación de nuestros jóvenes, los decepciona miserablemente y nos decepciona a todos los demás también.
De acuerdo a las cifras del gobierno, más de 25 millones de estadounidenses son analfabetos. Otros 45 millones, por lo menos, son sólo capaces de llevar vidas productivas en forma limitada. Estas dos categorías ascienden a casi el 49 por ciento de todos los estadounidenses adultos y acentúan la decadencia general en la capacidad de leer y escribir.
Las pruebas que el Sr. Hubbard llevó a cabo a finales de la década de 1970 revelaron que cuando se examinó a estudiantes graduados de la universidad sobre los materiales comunes que leían por placer, se encontró que no entendían mucho de lo que leían. Podían pronunciar las palabras, pero ¡no podían definir muchos de los términos que pronunciaban! Con respecto a la capacidad de esas personas para entender materiales escritos, una apariencia de comprensión había enmascarado la situación real: esas personas no comprendían realmente lo que estaban leyendo. Su capacidad para aprender había sido obstaculizada.
. No todas las personas sufren esta condición, pero existe prácticamente en todo el mundo en grados variables. Por ejemplo, en la frase: "Es tan bueno como el oro", la mayoría de las personas no puede definir la palabra "como", aun cuando "como" es una palabra de uso común. Esto no clasifica a la persona como analfabeta pero sirve para mostrar que la comprensión de cualquier persona puede incrementarse.
Si una persona comprendiera en verdad lo que lee y escucha y si fuera capaz de hacerse comprender por los demás, toda la vida se abriría ante ella. Pero al grado en que no puede expresarse y hacer que los demás la comprendan, y al grado en que no puede comprender lo que los demás están comunicando, la vida está cerrada para ella.
Mientras resolvía el problema de un mundo sin comunicación, L. Ronald Hubbard desarrolló una solución precisa que no sólo logra que el analfabeto tenga la capacidad de leer y escribir sino que incrementa la capacidad de cualquier persona para comprender y ser comprendido.
La solución que ideó se llama: Curso de La Llave de la Vida.
La Llave de la Vida es un sorprendente descubrimiento de gran importancia en el campo de la comunicación. Paso a paso, despoja a la persona de las razones por las que no puede comprender lo que lee, escribe o escucha y la razón de que los demás no puedan comprenderla.
Al desarrollar la Llave de la Vida, había un problema particular que pedía a gritos una solución. En un campo más amplio, es un asunto difícil que, aunque no se ha resuelto, todos los educadores de la historia lo han encarado: ¿Cómo se le enseña a alguien a comprender y usar el lenguaje sin asumir que la persona a la que se instruye sabe ya por lo menos algo de lo que estamos intentando enseñarle? ¿Cómo, por ejemplo, le enseñamos el significado de una palabra sin asumir que la persona ya sabe leer las palabras que se usan para enseñarle? ¿Cómo le enseñamos el lenguaje sin asumir que la persona ya sabe algo del mismo?
Por ejemplo, si abrimos un diccionario para ver una definición de una palabra, podemos encontrar otras palabras que no comprendemos. Si abrimos un libro de gramática, de inmediato nos dan en la cara con una terminología que no se explica hasta después. Sin embargo, cuando encontramos una palabra malentendida, dejamos de entender y no captamos o nos damos cuenta por completo de lo que sigue. La comprensión cesa al continuar después de una palabra malentendida. Este dato es el factor más importante en todo el campo de la educación. ¿Cómo puede entonces alguien enseñar el lenguaje, su uso, su construcción y sus palabras, sin dejar a la persona expuesta a palabras malentendidas?
Al cortar este nudo gordiano, L. Ronald Hubbard solucionó el problema de la capacidad de leer y escribir en sí y las dificultades para comprender, y de esta forma, abrió la puerta a una comprensión mucho más amplia de la vida.
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